Llueve sobre mojado

las horas extrañas



• La delgada línea roja

Sé muy bien que los límites son cada vez más blandos y remotos, sé que se corren cada día un poco más allá, y sin embargo está esa línea que no me atrevo a cruzar, una línea bien nítida rodeada de una franja brumosa en la que me permito todo, aunque todo sea tan inadmitible como lo que hay más allá del cruce.

Sé que más tarde o más temprano voy a terminar accediendo y nunca voy a dejar de preguntarme por qué lo pienso tanto, por qué me niego, por qué me resulta tan complicado elegir entre dos respuestas tan claras como son sí y no.

Y lo peor de todo es que estoy segura de que, haga lo que haga, voy a terminar arrepintiéndome sin remedio.


• Umbral

Anoche casi sucede.
No sé por qué me dejé llevar, pero estaba decidida a que pasara de una vez y ya basta de jueguitos.
Entonces empezó el desfile, y las voces, una multitud desaforada.
anoche casi sucede, lo dejé llegar hasta el umbral y con un pie casi adentro le cerré la puerta. Estaba decidida pero no estaba ahí. No sé dónde estaba.
Me siento horrible, histérica, patética, no quiero reconocerme en esta marioneta que me devuelve el espejo.


• Explosión

Yo sé que me enrosco en su juego y le doy el gusto, sé que cuantos más argumentos me invente más le termino dando la razón y después no hay almohadonazo que me salve.
Ni siquiera una noche glaciar en el sofá del living.
Mucho menos un amanecer como si nada, con churros y todo.


• Marioneta

Anoche, entre los masajes, soñé que era una marioneta bailarina, no podía controlar mis movimientos, veía que de mi cuerpo, de mis muñecas y tobillos salían hilos que se enredaban entre los dedos de un titiritero de cara demasiado conocida. Igual que en la película Quieres ser John Malcovich.
No estoy demasiado segura de que haya sido un sueño del todo.

A veces siento que B. me maneja por completo.


• La tormenta

Cada día, más tarde o más temprano, llega el momento en que se desata la tormenta.
A la mañana, a la tarde, a la noche, de madrugada, la tormenta siempre llega.
No puedo decir que no le temo, porque me paso el día con el miedo en la garganta.
Pero tampoco puedo decir que no la espero, porque temo que moriría si no llega.


• Letras

En esos momentos en los que hasta la música me pasa factura, pagaría cualquier precio por encontrar una sola canción que me resulte inofensiva.


• La Buena Pipa

Todo es tan obvio que es imposible que esté pasando.
Pero entonces todo es tan imposible, que resulta obvio que va a suceder.

¿Querés que te cuente el cuento de la Buena Pipa?


• Ruido

Cualquiera diría que somos dos parejas de vacaciones, sólo que todos sabemos que B. y yo no somos nada, no PODEMOS ser nada.


• B.

Después de cenar, en plena sobremesa, empezó a masajearme el cuello, y después la espalda. Empezó bien, pero en un punto, no sé decir cómo, me estaba acariciando. No sé cómo no me puse a temblar, a gritar, cuando sentí el calor que me subía a la cara. Parecía de lo más normal pero por adentro me estaba muriendo. Creo que los G. no se dieron cuenta de nada. Espero que los G. no se hayan dado cuenta de nada.


• Hipnótico

En los días de sol pleno el mar es tan azul que no puedo despegarlo de mis ojos. Ahí se queda hasta que me duermo.


• Gran Hermano

Por momentos tengo la sensación de que somos parte de un reality show, un experimento en el que nos observan como si fuésemos ratas de laboratorio. Estamos encerrados en una gran pecera, una ciudad set como la de Truman Show y por algún motivo no recordamos por qué accedimos a estar acá. Es la única forma de explicarme qué hacen cuatro personas tan diferentes como nosotros soportándose en este culo del mundo.


• Sábado nublado

¿Puede un sueño, un pedazo de sueño, arruinarnos el humor de todo un día? Anoche soñé que J. se iba a vivir a Estados Unidos y no había forma de retenerlo.


• contramano

Al final me llamó, anoche, como si nada hubiera pasado. No hablamos de nada, es increible, hace días que no nos vemos y no hay nada que decir. Y no va a venir, dice que no hay modo. No le corté porque estaba delante de todos, G. que me miraba con su cara de vieja chusma y B. que mira como si escuchara cada palabra, cada decepción, y la saborea porque todo parece darle la razón.

B...


• Marea baja

Esta mañana llegó un mail de J. Un reenvío de una conferencia sobre transtornos de atención, un undisclosed recipient, y equivocado para colmo. No entiendo, no lo entiendo, cuando lo que estoy esperando es un gesto, algo que me demuestre algo... Pero yo no voy a levantar el teléfono esta vez. Me costó, pero no lo llamé en toda la tarde. No, miento, no me costó tanto. Una sola vez tuve el impulso de levantar el tubo, pero se evaporó enseguida, se retiró como una ola llevándose toda la resaca. Tengo que mantenerme firme.


• J.

Le hablé y al final le corté. O nos cortamos mutuamente, no sé. Él no quiere que le hable al celular, y yo no tengo otra alternativa, ni muerta le hablo a la noche, delante de todos. Dice que no puede venir, no entiende cuánto lo necesito. Y yo no entiendo por qué no quiere venir, porque tranquilamente puede tomarse un par de días y hacer un fin de semana largo y venir, no le cuesta nada. Discutimos y todo terminó mal, no nos entedimos. No quiero pensar que ya no nos entendemos más.


• Anestesiada

Esta misma niebla es la que hace que las cosas me lleguen amortiguadas, en cámara lenta. Las veo, puedo sentirlas, pero no me tocan, no me afectan, no me pertenecen. Nada de lo que me pasa se siente definitivo, ni siquiera trascendente, como si una sobredosis de anestesia me aislara del mundo.


• Dos motivos

Acá los días son como una cinta de correr que se repiten sin llevarme a ningún lado.
Acá las caras son como máscaras que tapan todas las cosas que no queremos ver.


• Las horas extrañas

Creo, estoy segura, de que el mayor inconveniente es que tengo demasiado tiempo muerto y pocas alternativas para llenarlo.


• Un blog

Tengo que hacer algo, despejarme la cabeza, sacarme esta niebla que no me deja ni reflejarme en el espejo.


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