Llueve sobre mojado

las horas extrañas



11.10.05

B.

Después de cenar, en plena sobremesa, empezó a masajearme el cuello, y después la espalda. Empezó bien, pero en un punto, no sé decir cómo, me estaba acariciando. No sé cómo no me puse a temblar, a gritar, cuando sentí el calor que me subía a la cara. Parecía de lo más normal pero por adentro me estaba muriendo. Creo que los G. no se dieron cuenta de nada. Espero que los G. no se hayan dado cuenta de nada.



[Top]